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PALABRAS DEL DECANO


Nuestra universidad se reconoce como una Institución Católica de Educación superior, que forma parte de las instituciones educativas del Movimiento Regnum Christi[1], y como tal comparte y sirve a una de las preocupaciones más fundamentales de la Iglesia, que es el bien del hombre[2]. Por esta razón, en el centro de su misión se encuentra  la formación integral de las personas.

Ésta se refiere naturalmente al cultivo equilibrado y armónico de las distintas dimensiones de la vida del ser humano, pero sobre todo, a que vaya desarrollando aquella unidad interior  que le permita conquistar una auténtica libertad, para vivir como un hombre de bien en la sociedad humana.    

Hay dimensiones vitales que inciden ineludiblemente en la formación integral,  tanto desde el punto de vista extrínseco como intrínseco. 

En primera instancia, desde la perspectiva extrínseca inciden para su sano y natural desarrollo y despliegue, la Familia, dentro de la cual los padres constituyen los primero educadores de sus hijos, pues tienen aquella palabra que permite enraizar y orientar toda la vida; Luego la Iglesia, como comunidad de hombres creyentes, que se vinculan y comparten una misma vida de Fe;  y por último la escuela,  que,  por encargo de los padres, completa la educación en los ámbitos que ellos no pueden asumir[3]. 

Estas tres realidades se encuentran presentes desde los primeros años,  conformando  el contexto que envuelve y nutre la vida del hombre.

Por otro lado, desde el punto de vista intrínseco, existe una dimensión en la persona, especialmente involucrada en todo este despliegue y en su  vínculo con este primer entorno vital: la vida interior, que contempla entre otros, el aspecto psicológico. Desde un principio, éste, interactúa necesariamente  con esas tres realidades humanas de básicas - que son la Familia, la Iglesia y la Escuela- lo cual evidencia una inevitable, estrecha y dinámica vinculación entre Educación, Psicología y Familia.

La Universidad Finis Terrae, respondiendo al desafío y vocación de formar una comunidad al servicio de la sociedad[4], y teniendo como uno de sus valores la centralidad de la persona[5], ha configurado una Facultad que procure responder a esta integralidad del ser humano, en la que puedan convivir, dialogar, interactuar y vincularse orgánicamente estas áreas del saber: Educación -que contempla a su vez, aspectos relevantes de la formación la religiosa-, Psicología y Ciencias de la Familia.

Asumir este desafío nos permitirá no sólo contribuir a una compresión más unitaria de la vida humana,  sino también al desarrollo del conocimiento desde un diálogo enriquecedor, tal como lo exhorta la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclessiae[6], procurando constantemente la indispensable integración del conocimiento. 

A este respecto,  quisiera aludir a dos principios orientadores indispensables para un adecuado desarrollo de la vida académica de nuestra Facultad  y Plan Estratégico.

El primero tiene relación con una contundente afirmación contenida en una encíclica de S. S. Juan Pablo II: “En efecto, el necio se engaña pensando que conoce muchas cosas, pero en realidad no es capaz de fijar la mirada sobre las esenciales. Ello le impide poner orden en su mente (cf. Pr 1, 7) y asumir una actitud adecuada para consigo mismo y para con el ambiente que le rodea”.

Dada la importancia y especial sensibilidad respecto a las temáticas de las cuales nuestra Facultad intenta hacerse cargo,  y para conservar siempre una adecuada actitud respecto de las exigencias de las cuales es objeto, sin perder de vista las cosas esenciales, es menester cultivar constantemente la capacidad  de fijar nuestra mirada en ellas. Así comprenderemos, más profundamente nuestras disciplinas y nuestra vocación, evitando las desorientaciones,  de manera tal que nos permita cumplir nuestra misión iluminadora para la cultura y la sociedad.

Y ¿qué es aquello más esencial, y que resulta en última instancia lo más articulador, y más útil para el cultivo de la vida académica en su conjunto?

La clave se halla en aquellas palabras recogidas por nuestro ideario  -el segundo punto al que quisiera hacer brevísima referencia-:

 “Finalmente, la naturaleza intelectual de la persona humana se perfecciona y debe perfeccionarse por medio de la sabiduría, la cual atrae con suavidad la mente del hombre a la búsqueda y al amor de la verdad y del bien. Imbuido por ella, el hombre se alza por medio de lo visible hacia lo invisible.

Nuestra época, más que ninguna otra, tiene necesidad de esta sabiduría para humanizar todos los nuevos descubrimientos de la humanidad. El destino futuro del mundo corre peligro si no se forman hombres más instruidos en esta sabiduría”.

Esto pasa por la vida familiar, la vida eclesial y la vida escolar, con distintos énfasis y modos, donde sobre todo se actualiza aquella idea que vigoriza la cultura: que la Persona es lo perfectísimo en toda la Naturaleza,  y que lo más noble a lo que pueden orientarse todos los esfuerzos es a su servicio. Nuestra Facultad no puede ser ajena a ella si desea enriquecer el  conocimiento y aportar en la formación en Educación, Psicología y Familia.

Pienso que nuestra Facultad debe aspirar a formar hombres y mujeres dotados de mayor sabiduría desde las disciplinas que la conforman,  como un servicio a la sociedad humana en nuestro tiempo,  dado que tenemos  una palabra profunda que aportar en estos ámbitos. Que aun cuando se trate de los temas más prácticos y contingentes, no se encuentren desarraigados de una sapiencialidad de base que impregne, sintetice y potencie la vida universitaria, el diálogo y encuentro entre todos. Nuestro aporte a la comunidad consiste en no perder de vista los aspectos más relevantes para el cultivo de la cultura, en lo referente a la Educación, La Psicología y la Familia, elevando siempre la mirada a partir de la centralidad de la persona y afirmando constantemente que todas las ciencias, todas las artes y todas las disciplinas se ordenan a una sola cosa: el bien del hombre y su felicidad; Ello sólo es posible desde una mirada auténticamente sapiencial, de la que emana nuestra Misión:

 “Contribuir al desarrollo integral de profesionales de excelencia y a la generación de conocimiento en las áreas de educación, psicología y familia, construyendo una comunidad académica que propicia la trasformación de la sociedad y la cultura,  inspirados en los valores cristianos”. 


[1] Cfr. Ideario
[2] Cfr. Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, n. 1.
[3] Cfr. Divinis Illiud Magistri, n. 23.
[4] Cfr. Ideario
[5] Ibidem.
[6] “La Universidad Católica es, por consiguiente, el lugar donde los estudiosos examinan a fondo la realidad con los métodos propios de cada disciplina académica, contribuyendo así al enriquecimiento del saber humano. Cada disciplina se estudia de manera sistemática, estableciendo después un diálogo entre las diversas disciplinas con el fin de enriquecerse mutuamente”. Ex Corde Ecclessiae, n.15